Tantos textos depresivos. Tantas palabras sin dueño. Tantos tiempos relativos. Tantas visitas en sueños.
Tantos suspiros perdidos. Tantos acordes rasgados. Tantas sonrisas servidas. Tantos cumplidos prestados.
Tantas florituras y tantas tesituras, tantas historias rebuscadas... Tanto todo y tanta nada.
Al final, lo bonito, es lo improvisado.
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