domingo, 21 de abril de 2013

POEMA DEL DOMINGO TRISTE



Este domingo triste pienso en ti dulcemente
y mi vieja mentira de olvido ya no miente.
La soledad a veces es peor castigo,
ah, ¡pero qué alegre todo si estuvieras conmigo!
Entonces no querría mirar las nubes grises
formando extraños mapas de imposibles países
y el monótono ruido del agua no sería
el motivo secreto de mi melancolía.

Este domingo triste nace de algo que es mío,
que quizás es tu ausencia y quizás es mi hastío,
mientras corren las aguas por la calle en declive
y el corazón se muere de un ensueño que vive.

La tarde pide un poco de sol, como un mendigo,
y acaso hubiera sol si estuvieras conmigo,
y tendría la tarde, fragantemente muda,
el ingenuo impudor de una niña desnuda.
Si estuvieras conmigo, amor que no volviste.
Oh, ¡que alegre me sería este domingo triste!
[J.A. Buesa]


P.D: Obviamente el poema no es de mi autoría, pero desde que era pequeña ha sido uno de mis favoritos.
P.D 2: El video tiene algún que otro spoiler de Skins, cuidadillo :3

miércoles, 17 de abril de 2013

UN HOMBRE NECESITA UN NOMBRE.



"¿Qué hay en un nombre? ¡Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquiera otra denominación! De igual modo Romeo, aunque Romeo no se llamara, conservaría sin este título las raras perfecciones que atesora." [William Shakespeare-Romeo y Julieta]

¿Qué hay en un nombre? ¿Qué en un apellido? ¿Es que acaso el talento va ligado con el linaje? Quizás sus arterias azules rezumen palabras que su corazón no logre siquiera bombear, pero que tú, humilde siervo de las musas, comprendes a la perfección.

Quizás no seas nadie, es probable que sus miradas de menosprecio se posen sobre tu pergamino con tal de no admitir verdades. No te preocupes. Hay mucho para quien nada quiere. Demasiada oscuridad regalada a aquellos que no desean ver la luz, que no desean ver tu luz.


jueves, 11 de abril de 2013

NIGHTMARES



Cerró sus ojos, y fue entonces cuando vio una proyección de si misma. Exhausta y notablemente desaliñada miró hacia atrás. No venía nadie. Todo un alivio teniendo en cuenta que llevaba más de dos horas escapando de aquellas figuras sin rostro. Le aterrorizaban. Era el tipo de pánico irracional que experimentan los niños cuando se quedan a oscuras. Sabía que se estaban aproximando, y que no contaba con demasiado tiempo antes de que la encontrasen. Se dejó caer de rodillas sobre la tierra mojada y comenzó a escarbar con desespero.

Se sobresaltó cuando escuchó una voz femenina a sus espaldas. Tragó saliva. La habían descubierto. Se giró lentamente, pensando un plan de actuación. Tenía armas, pero ellos también, y de un calibre superior. De nuevo el miedo se estaba apoderando de ella. Deseaba que la metralla no atravesase su cuerpo tan pronto como abriese la boca, era demasiado joven para morir. La luz de la linterna le cegó parcialmente, impidiendo que viese el rostro de la mujer. Estaban solas. Poco a poco sus pupilas volvieron al tamaño habitual, y a medida que éstas se hacían más grandes, pudo reconocer rasgos que le resultaban conocidos, facciones que en otra época hubiera podido dibujar sin que le temblase el pulso demasiado.

-Tu...-dijo boquiabierta - creía que estabas...

-¿Muerta? -esbozó una sonrisa de medio lado - no, querida, eso es lo que te han hecho creer.

Conservaba su cabello blanco tal y como lo recordaba , sus mismos ojos, sus mismas manos arrugadas por el paso del tiempo...incluso las gafas de media luna que había llevado durante sus últimos años de vida. Parecía increíble que estuviese frente a ella. Se veía tan tangible, tan jodidamente real. No cabía duda de que era ella. Hasta su perfume la delataba. Poco a poco se fue incorporando con dificultad. Aquellos días de persecución habían hecho mella en ella. Contaba con un par de heridas poco profundas, pero el dolor se le hacía insoportable al no haber podido esterilizarlas como era debido al haber perdido su botiquín de mano.

Avanzó un paso hacia la mujer. Cojeaba. Dio otro paso más. No le importaba en absoluto que ella estuviese impoluta, quería abrazarla. Y digo quería, porque tan pronto como la intentó rodear con sus brazos su realidad se deshizo en volutas de humo. Había desaparecido. Cuando el humo se despejó pudo ver en su propio pecho un puntito rojo diminuto que le apuntaba directamente al corazón. Trató de seguir la estela para descubrir la ubicación del que sería su asesino, pero fue demasiado tarde.

Vacío.

De pronto se despertó, respirando agitadamente, empapada en sudor. Había sido una pesadilla. Su cerebro se había dedicado a desenterrar a los muertos durante toda la noche, y de paso a enterrar a algún que otro vivo.

Aquella iba a ser una mañana dura.