lunes, 25 de noviembre de 2013

I DON'T NEED TO TALK.


No creo que exista un único motor que mueva el mundo, pero sí considero que hay uno que lo frena : la desidia. Sin trampa ni cartón. Tenemos impulsores que de vez en cuando deciden darnos un pequeño empujón, pero no hay ningún tipo de ente maligno que disfrute derramando nuestro tintero : únicamente nosotros mismos, y nuestras incontables excusas. Sin duda somos los peores enemigos que jamás desearíamos tener a la hora de escribir. Afortunadamente todavía quedan sonrisas que podrían inspirar al más torpe de los poetas, todavía miradas que logran llegar al corazón, tan cálidas que arañan por dentro y desgarran por fuera, dejando visibles enrojecimientos imposibles de evitar. 

Hoy vuelvo a escribir, y no es la tristeza la que lo hace por mí. Hay personas que saben como dibujar sonrisas en el lienzo que conforma mi vida, y al mismo tiempo, hay vidas que saben como dibujar personas en el lienzo que conforma la realidad. 

Mi realidad.



martes, 12 de noviembre de 2013

VIVIENDO DEL CUENTO (LITERALMENTE)


Resulta complicado vivir en la imperfecta realidad cuando puedes idear una perfecta irrealidad

-"¡Siempre estás en las nubes!"- decían. Podría haberles intentado contradecir, pero hacerlo sería contradecirme a mí misma. Tenían razón. Siempre de cuerpo presente y con la mente en otra parte. Supongo que es algo que , en cierto modo, le pasa a toda la gente que escribe. Lograr evadirse en un mar de palabras es una bendición, pero también una condena. En el momento en que experimentas ese bienestar que te produce tumbarte entre algodones es difícil volver a dormir placenteramente en una cama de esparto.  

El café huele de un modo diferente, y al desperezarte te das cuenta de que las bestias a las que te has de enfrentar son si cabe más temibles que las de tus historias. No hay armadura ni espada que te pueda ayudar. Tampoco un príncipe que cabalgue durante días y noches para salvarte y protegerte entre sus brazos. No hay nada. 

Tal vez sea por eso por lo que disfruto tanto de las mentiras que conforman ese fino hilo de seda que me atrapa. La dulzura de lo imposible. Disfruto de todas esas sonrisas no intercambiadas y de todos esos besos que jamás llegarán a abandonar los labios de sus dueños.

Así que ya sabéis: si algún día me veis con aire distraído evitad zarandearme. Es posible que esté viviendo del cuento (literalmente)