No creo que exista un único motor que mueva el mundo, pero sí considero que hay uno que lo frena : la desidia. Sin trampa ni cartón. Tenemos impulsores que de vez en cuando deciden darnos un pequeño empujón, pero no hay ningún tipo de ente maligno que disfrute derramando nuestro tintero : únicamente nosotros mismos, y nuestras incontables excusas. Sin duda somos los peores enemigos que jamás desearíamos tener a la hora de escribir. Afortunadamente todavía quedan sonrisas que podrían inspirar al más torpe de los poetas, todavía miradas que logran llegar al corazón, tan cálidas que arañan por dentro y desgarran por fuera, dejando visibles enrojecimientos imposibles de evitar.
Hoy vuelvo a escribir, y no es la tristeza la que lo hace por mí. Hay personas que saben como dibujar sonrisas en el lienzo que conforma mi vida, y al mismo tiempo, hay vidas que saben como dibujar personas en el lienzo que conforma la realidad.
Mi realidad.
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