martes, 18 de septiembre de 2018

SLEEPWALKING

"It's like I'm sleepwalking"

Sumerjo mis pies en la arena, caminando de puntillas por la orilla de la realidad. Allí, donde puedo prestar la atención justa para poder seguir inmersa en mis ensoñaciones, sin dejarme arrastrar por la marea. Las mismas ensoñaciones en las que sonrío de verdad, a kilómetros y kilómetros de distancia. Otra época. Otra ciudad. Los mismos ojos.

Tomas mi mano y se que no regresaré a casa hasta pasadas varias horas. Nos tiramos sobre el césped, observamos las estrellas y, a pesar de mi reticencia, bailamos. Los pasos son torpes e infantiles, pero no importa porque intento seguirte. Joder, seguiría tus pisadas hasta el fin del mundo. 

Levanto la vista de mi libro y ahí estás tu, de nuevo. Hay "un algo" que te caracteriza. No sabría definirlo. Quizás se trate del aire desenfadado que enmarca tu personalidad. Sonrío y me rodeas con tus brazos. Por irónico que resulte, sabes como beso sin haber rozado nunca mis labios. Sabes que me pongo de puntillas porque soy bajita. Conoces mis demonios, y en alguna que otra ocasión me has ayudado a espantarlos, cuando eran tan grandes que incluso a mi misma me empezaban a dar miedo. 

Guardo otra piedrecita en el bolsillo. Este momento lo quiero recordar para siempre. 


martes, 5 de junio de 2018

ODA A LA CHICA DE LA ORILLA.


Es sencillo reconocer a alguien roto. No hay perros, no hay acompañantes, solo la arena. Y tu. Sentadas frente al mar, intentando hacer encajar las piezas de un rompecabezas que se nos viene demasiado grande. Ya apenas queda nadie por el paseo, y la playa estaría completamente desierta de no ser por tu figura. El vaivén de las olas ejerce de banda sonora mientras intentas recordar cómo se respira. Puede parecer sencillo, pero hay veces en las que una se olvida de coger aire. Apuesto a que te sientes diminuta, tan diminuta como yo. ¿Cuanto tiempo ha pasado? ¿Media hora? Quizás algo más, y ahí seguimos. Dos perfectas desconocidas. Al contrario que yo decidiste bajar hasta la arena. La verdad es que, como diría Anakin "I don't like sand". Pero tú si. Me hubiese acercado hasta allí a preguntarte cómo te encontrabas, porque por muy jodida que esté si hay algo que no puedo evitar es preocuparme por los demás, pero me imaginé tantos escenarios en mi cabeza en los que me mirabas con desdén que descarté todos y cada uno de ellos. Somos diferentes. Y lo sabemos. Por eso desaparecemos bajo un manto estrellado, y ahí nos perdemos en nuestros pensamientos, o mejor dicho: los muteamos. Se trata de una pausa, una coma, una cesura. De un "suficiente". Suficiente por hoy. Suficiente día. Suficiente mundo. Suficiente todo. 

Ojalá la vida te sonría a ti, chica de la orilla, y jamás nos volvamos a encontrar bañadas por la salitre.



 

domingo, 25 de febrero de 2018

My Salvation.


Sonrió, casi con timidez. En el local sonaba una canción de Nina Simone. "And this old world is a new world" . A veces le gustaba escuchar las letras por encima de las conversaciones que se estaban manteniendo. A lo largo de su vida había descubierto que aquella sería la única forma que tendría de viajar en el tiempo. Su Delorean personal estaba formado de acordes desentonados y cuerdas rasgadas. Humedeció sus labios, dándole un pequeño trago al té helado que aquel camarero le había servido con cara extrañada, preguntándose qué hacía una chica como ella en aquel lugar. Se había acostumbrado. Era desleguada como el peor de los piratas y tenía demasiado mal carácter. Suspiró. Se había vuelto a perder en la conversación. Dedicó unos segundos a escuchar a sus acompañantes - no creo que esté TAN bien como la gente dice, la verdad - contribuía de forma esporádica, pero no decía nada que no pensase. Odiaba a los optimistas de manual. Aquellos que portaban libretas con mantras difíciles de creer y hacían repost de imágenes llenas de positivimo con la intención de hacer su vida más llevadera. Ella también lo había intentado, pero le resultaba francamente complicado creerse toda aquella mierda. Jugueteó con la pulsera de su muñeca de forma inconsciente y pensó que algún día escribiría sobre aquel momento. Lo haría. Había algo que se lo decía. No era un día especial. No le rodeaban sus brazos, sino un puñado de cervezas, pero se sentía cómoda. Se evadía, pero eso siempre lo hacía. No sería ella sin soñar despierta.