La luz que se filtraba por la ventana iluminaba su rostro perfecto. Jamás supe describir la belleza hasta que le vi. Había viajado durante horas únicamente para poder contemplarle más de cerca, para poder delinear su cuello con mi dedo índice y perderme en su mirada. Mucha gente me preguntaba si merecía la pena, si realmente compensaba atravesar un país por una persona. Lo que ellos jamás sabrán es que lo hubiese cruzado de rodillas de ser necesario si al llegar a mi destino pudiese haberle visto sonreír aunque solo fuese durante un par de segundos. "Exagerada" estaréis pensando. Lamento informaros de que únicamente utilizo hipérboles en mis versos, no en mis realidades. Siete días estuve a su lado, siete los pecados capitales, siete las vidas de un gato. Las mismas vidas que viviría a su lado de tener la oportunidad de volver a nacer.