martes, 5 de marzo de 2013

FIREFLIES


El mecer de la pequeña barca estaba comenzando a marearle.
-¿Falta mucho para llegar?- preguntó impaciente.
El chico bufó. Era la cuarta vez en menos de quince minutos que la pelirroja le preguntaba lo mismo. Ni siquiera se molestó en responderle. Estaban perdidos. ¿Tan difícil era de comprender?.
Quizás ella pensase que disfrutaba remando en el medio del océano, sin rumbo fijo.

Suspiró y se estiró un poco mientras movía sus dedos entumecidos por el frío para comprobar si todavía le circulaba la sangre por sus manos. Maldita la hora en la que se había dejado convencer para ir a aquel "maravilloso y romántico paseo".

Las tripas le rugieron. Tenía mucha hambre y apenas les quedaba comida, pero se negaba a entrar en pánico, y menos delante de aquella mujer. 
-No te preocupes, seguramente los servicios de rescate se den cuenta de que no estamos. Es probable que ya nos estén buscando - le dijo con voz pausada, tratando en cierto modo de autoconvencerse. Nunca se le había dado bien mentir, y lo pudo ver en la preocupación que reflejaban sus ojos verdes. Bajó la mirada un instante, avergonzado. Si  habían llegado a aquella situación sin duda había sido por su culpa.

-Alice,yo...-estaba dispuesto a comenzar a dar explicaciones, pero de pronto algo le hizo enmudecer. Se había posado sobre el suéter color violeta de su prometida : se trataba de una pequeña luciérnaga que brillaba con intensidad. Alzó el vuelo nuevamente, con la timidez típica de aquel que sabe que está siendo el centro de todas las miradas. 

Él se abalanzó sobre los remos, apresuradamente, aferrándolos con fuerza, dispuesto a seguirla. Estaban salvados. Aquellos insectos nunca se aventuraban a ir demasiado lejos de la orilla. Tan solo era cuestión de tiempo que lograsen encontrar el camino de nuevo.

En ocasiones, no necesitas un faro que te ilumine el sendero, basta con esas pequeñas señales que te indican hacia dónde debes continuar. 

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