El público permanece sentado, al igual que ha hecho durante todas estas horas. Días. Años.
Espera en silencio a que comience la función. No importa el tiempo. Si han de aguardar unos minutos más, lo harán. Al fin y al cabo es lo que llevan haciendo toda la vida.
La impaciencia se escucha en el repiqueteo que producen las uñas en el reposabrazos de las butacas. También se puede observar en el brillo de los ojos de los más jóvenes. Todos quieren ver la función.
Entonces las cortinas se descorren, lentamente, y el público contiene la respiración. Nada. Tan solo oscuridad, y una brisa de aire frío que deja al auditorio con los pelos de punta. Los pocos bebés que hay en la sala comienzan a llorar, y todos se miran unos a otros. -"¿Qué es esto?"-se preguntan - "¿Dónde está...?".
Un paso.
Otro paso.
De pronto, una silueta.
-Largáos- era una voz ronca, pero sin duda era SU voz - ¿Es que no me habéis oído? He dicho que os marchéis.
Se encaraba a ellos, con rabia contenida - ¿Qué hacéis aquí?
No lo entendía. No lo entendía en absoluto. Aquello no estaba saliendo como debería. Le habían robado los decorados. Le habían arrancado sus frases del guión. Habían asesinado al resto de actores. Ella misma estaba cubierta todavía por salpicaduras de sangre.
Nadie dijo nada. Nadie se quejó. Porque todos eran ella. Y al verla, subida a aquel escenario, ahora ya bajo la luz de los focos, todos supieron lo que había sucedido.
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28.
Sin ti.
Sonríe allá donde estés.
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