Y entonces lo ves. Está en el sofá, cabizbajo, con una copa en la mano. Murmura algo que no alcanzas a oír. Te ha visto asomada. Tragas saliva, pero ya es demasiado tarde. Se levanta. -"Esto es la puta realidad" - repite, como tantas otras veces le has oído decir. Apesta a alcohol y sientes que se te revuelve el estómago. Se tambalea - "¿quieres oír una historia? ven aquí, te la voy a contar" - desearías cerrar los ojos y desaparecer, volverte invisible, pero sabes que eso es imposible, y que hagas lo que hagas terminará contándola. Ni siquiera te importa. Delirios de un alma perdida. Frunces el ceño mientras él comienza a hablar atropelladamente. Si pasados cinco minutos le queda alguien por insultar es porque su memoria ya no es la que era. Te levantas y te vas - "buenas noches" .
Ni siquiera se merece una despedida, pero lo haces. Lo haces porque es tu padre y en el fondo le quieres. No sabes muy bien porqué, tal vez por eso que dicen de que la sangre une. Cierras la puerta tras tu espalda y te tumbas en la cama mirando el techo. Coges el móvil. ¿A quién le abrirás conversación ahora? La mayoría de la gente con la que podrías hablar está durmiendo, y a la otra parte de tus contactos jamás le contarías algo así. Suspiras y cierras los ojos. Tal vez así logres dormir.
Los gritos te despiertan y miras el reloj de muñeca. ¿Cuánto ha pasado? ¿Quince minutos? . Otra vez discutiendo. Apenas distingues sus palabras, pero puedes escuchar claramente los de ella. Tantos años y todavía sigue a su lado a pesar de todo. No sabes cómo lo aguanta. Si todavía sigue la moda de canonizar a gente sin duda ella debería de ser una de las candidatas a tener en cuenta. "Eres una puta" . Y tú un caballero hablándole así a la que podría ser tu esposa, piensas.
De un tiempo a esta parte has comenzado a cogerle el gusto a las duchas a medianoche. Allí las lágrimas se pierden por el desagüe. Es como tu pequeño refugio. Nadie te ve. Nadie te escucha.
Nadie.
No hay comentarios:
Publicar un comentario